Se acababa de crear el concepto de familia, abandonaron las cavernas, y empezaron a construir sus casas, donde convivían abuelos, padres y nietos bajo el mismo techo. Los más afortunados tenían casas grandes y buenas tierras que habían conseguido o bien por la fuerza, o bien por la buena administración y sus familias eran fuertes y bien alimentadas.

Con el paso del tiempo, fueron acercándose y fundaron poblados para protegerse de las tribus nómadas, empezando a desarrollar los rudimentos del derecho.

Durante milenios, el núcleo familiar permaneció estable.La vivienda familiar acogía a tres generaciones, y los hijos eran numerosos. En las sociedades rurales los niños se incorporaban al trabajo a edad temprana y seguían activos mientras hasta bien avanzada la vejez, después ayudaban en el hogar al cuidado y la educación de los más jóvenes.

Los mayores eran objeto de respeto y veneración, todos atendían sus consejos y eran los depositarios de la memoria y la tradición familiar.

Con la incorporación de la mujer al mundo laboral, a mediados del siglo XX , el entorno familiar cambió radicalmente, los núcleos rurales empezaron a despoblarse y la población se concentró en las ciudades. Los pisos sustituyeron a la viejas casonas, el número de hijos paso de los cinco o seis habituales a uno o dos a lo sumo; los mayores pasaron a ser un estorbo, no había sitio para ellos en tan pequeña viviendas, y las mujeres agotadas por la jornada laboral y el cuidado de los hijos a penas podían atenderles. Empezaron a proliferar las residencias y las guarderías para ancianos, la familia quedaba limitada a los padres y a los hijos. Había nacido "La familia nuclear".

Continuará