La adolescencia es una de las épocas más difíciles en la educación de los hijos. Hay dos posturas muy cómodas, la autoritaria, que suele tener un efecto rebote, y la permisiva a ultranza que acostumbra a crear fracasados o delincuentes. Los padres de mi generación tendíamos a tratar a los hijos adolescentes como amigos, y eso fue un terrible error. Los hijos necesitan una guía y unas normas para desarrollar su personalidad, la camaradería les desorienta y tienden a buscar ejemplos por otros lares, a veces poco recomendables.
Gloria se implicó en cuerpo y alma ayudándoles en los estudios. Tras una jornada laboral agotadora, y la parte correspondiente de las labores cotidianas, venia el seguimiento de los trabajos, los deberes, las preguntas. Yo llegaba a casa pasadas las ocho, y ya era la hora de preparar la cena y tomar la parte que me correspondía en las tareas cotidianas. La mesa era el templo del diálogo, la tele apagada y la conversación a veces tensa, a veces distendida, pero siempre viva. La música de fondo, era el contrapunto a nuestras palabras, no había gritos, siempre procuramos convencer antes que vencer, pero fue una lucha continua en la que no se podía bajar la guardia.
Las salidas nocturnas, las llamadas de "ahora vengo" a las dos de la madrugada, el intentar dormir pendiente de la puerta de casa que jamás se abría.. la vigilancia y control de los amigos... alguna vez me tocó ir a "rescatar" a mi hija mayor a casa de algún amigo poco recomendable, pero siempre respetando la dignidad y la responsabilidad, procurando no romper ese puente de confianza que cuando se quiebra es imposible reconstruir.
Horas de charlas en el sofá, horarios de televisión controlados, libros compartidos y comentados en familia ...los años pasaban y mientras Silvia terminaba su carrera y empezaba a levantar el vuelo, Diana comenzaba ba a sacar la cabeza del nido. Todo lo que habíamos aprendido con una, iba a mostrarse totalmente contraproducente con la otra.
Últimamente se escuchan lamentos de jóvenes quejándose del "trabajo basura", de su dependencia de los padres y de la imposibilidad de acceder a una vivienda digna... ¡como si esto fuera una novedad!.
Los principios siempre han sido duros y como muestra os voy relatar cómo era la vida de un joven medio en los años sesenta. En mi adolescencia, si no eras un "hijo de papá", tu vida laboral empezaba a los 14 años, entrabas a trabajar de aprendiz en un taller o de meritorio en una oficina, y te pasabas dos años casi sin cobrar y aguantando cabronadas con la escusa de que estabas aprendiendo un oficio. En realidad no aprendías nada, y matabas el día limpiando piezas o trayendo cafecitos y archivando facturas, ocho horas de hastío aguantando bromas y putadas, soñando con que sonara la campana.
Si querías estudiar, te buscabas una "jornada intensiva", de 7 a 15 horas, comías en una fiambrera lo que te había puesto mamá, y a las 4 tenias la primera clase, jornada de estudio hasta las 9 de la noche y si querías disponer de un duro extra para el "finde", te buscabas una horita de clase a domicilio, con lo cual, llegabas a casa pasadas las 11, cenabas deprisa y corriendo y echabas una ojeada a los libros, máximo una hora, porque a las 6, sonaba el despertador. Los sábados se trabajaba por la mañana, y por la tarde tenias que ponerte a estudiar si querías aprobar algo en JUNIO. El Domingo, si tenias suerte y había algún guateque a la vista, podías pegarte un calentón bailando agarrao con alguna moza , o en su defecto inflarte de cubatas por la cara. Luego llegabas a casa más quemao que el cenicero de un bingo, cena relámpago, y la pajilla de rigor para desalojar el exceso de testosterona generado en el baile.
Lo poco que cobrarbas, lo entregabas íntegramente a casa, y tus padres te daban unos dinerillos para tus gastos que no te llegaban ni para pagar la entrada de una disco. Dejo aparcado el tema, que seguiré desarrollando en próximos capítulos. La vida siempre ha sido dura, pero lamentarse tumbado en la cama, nunca ha servido para nada.
Laboralmente no eras nadie hasta que terminabas el servicio militar, lo más normal era trabajar sin ningún tipo de contrato, te apuntaban a la seguridad social, y a los tres meses te daban de baja. Si continuabas estudiando y trabajabas en una oficina, tenías el techo por los suelos, auxiliar administrativo con un sueldo de miseria y nulas posibilidades de promoción, nadie apostaba por un estudiante que en cuanto terminara la carrera levantaría el vuelo.
Si lo tuyo era aprender un oficio, a partir de los 18 años, empezabas a ejercer de "oficial" , te encomendaban trabajillos sencillos y el sueldo te daba para tus gastillos y para ayudar a la familia, normalmente tu sueño era establecerte por tu cuenta y montar tu propio negocio.
Salvo que tocaras en algún grupo o fueras Dj, tu vida sexual era bastante jodida. Guateque o discoteca el fin de semana, con el calentón correspondiente, si tenias una novieta, las cosas mejoraban ligeramente, magreos en el sofá de una disco, besos de tornillo en un rincón apartado o una tarde "en la fila de los mancos" de un cine de barrio y era a lo máximo que podías aspirar si no tenias coche. Luego tu madre tenia que lavar las sabanas cada dia. Pero de eso hablaremos en otro momento.
Pasaban los años, y llegaba la hora de cumplir el servicio militar, 18 meses secuestrado casi sin permisos y desde luego sin un duro.
Perdías el trabajo y dejabas los estudios en el dique seco a no ser que quisieras estar tres veranos haciendo "la milicias universitarias". Borracheras, amigos para siempre que desaparecían para siempre en cuanto salías licenciado de la jaula.
Continuabas trabajando y estudiando, si tenías novia formal gastabas menos que Tarzán en zapatillas, todo el dinero era para ahorrarlo e intentar buscar un piso financiado por "la Caixa" o una vivienda de protección oficial, aunque lo más normal era recurrir al alquiler. La familia y los amigos te iban pasando muebles viejos, con lo cual poco a poco montabas tu nido.
Por aquel entonces, las mujeres se incorporaban masivamente al mercado de trabajo. Una vez terminados los estudios, con un trabajo explotador y a base de prescindir de lo imprescindible podías comprar un coche de segunda mano, una boda sencillita y a veces un piso compartido con otra pareja para poder compartir los gastos, incluso en casa de los padres, si había sitio.
Las vacaciones, quince días escasos, al pueblo. Nada de hoteles, viajes o cruceros. Al restaurante solo íbamos en fiestas sonadas, lo típico era hacer pic-nic en los parques o salir a comer al campo o a la playa. Con todo ello, y a base de trabajar horas extras a precio de saldo sábados incluidos, reunías un dinerillo y los más osados, se embarcaban en una hipoteca al 14% de interés que te cubría escasamente el 70% del valor de tasación del piso, y desde luego previo aval de los padres.
Luego había que pintarlo, hacer la cocina, el baño, porque los pisos de entonces te los daban semi acabados y como no te quedaba dinero para pintores ni carpinteros, lo más normal era recurrir a amigos y familiares para poder adecentar el nido y poder empezar una nueva vida. Desde luego nada de parking, el coche en la calle y con una barra antirrobo en el volante.
Despues vendrían los hijos. pero eso sí que ya lo dejo para otra saga y para otro momento. Eran tiempos duros, sin lujos, pero con una enorme ilusión y espíritu de lucha, había optimismo y fe en el mañana , porque cuando se parte de cero, cualquier logro es una conquista y con veintipocos años todo nos parecia al alcance de la mano.
Y luego llegaron los hijos, hijos queridos, hijos deseados. Éramos muy jóvenes, jugábamos con ellos, disfrutábamos se sus risas y de sus gracias, pero había que trabajar. El permiso de maternidad apenas existía, a las pocas semana había que dejar al bebe. Si tenias suerte con la abuela y si no, en una guardería.
Trabajando ambos era casi imposible encontrar una municipal, y las privadas te costaban la mitad del sueldo, para colmo, la crisis del petróleo en 1.974, elevó la inflación hasta un 18% y el paro se extendió como una epidemia. Yo no estaba asegurado, cada vez que había que llevar a la niña a urgencias por algún aumento desmesurado de fiebre, temía que me la rechazaran por no estar al corriente del pago. Entonces seguía trabajando los Sábados hasta el medio día, me levantaba a las 6 A.M. y no regresaba hasta pasadas las 8 de la noche, eso si, siempre procuramos a costa de lo que fuera, reunirnos para comer juntos, aunque tuviéramos que caminar 5 km .
Trabajábamos lejos de casa y comíamos en el SEU, en bares de comidas o restaurantes , si queríamos comer medianamente bien gastábamos otra buena parte del sueldo, los pañales de la niña eran carísimos, la ropa y el calzado aumentaba de precio día a día, pero nada importaba, éramos jóvenes, había amor , compromiso , y teníamos toda la vida por delante.
Un Piso de alquiler pequeño pero luminoso, fue nuestro nido. A base de no fumar, y de prescindir de otros lujos, fuimos formando una biblioteca y una discoteca para educar a nuestros hijos en las artes y en la cultura. En casa siempre sonaba la música, bien sinfónica, folk o rock, sus notas se mezclaban con nuestras risas y juegos. Era una casa pequeña, pero era nuestro hogar y la muralla que nos protegía del miedo a la crisis, al paro y a no llegar a fin de mes. La niña fue creciendo en años y en belleza, y un día, Gloria me tomó de las manos y mirándome a los ojos me dijo - ¡Creo que estoy embarazada! ...
Como era de esperar, en los últimos tiempos, la mal llamada “crisis” ha quitado los bozales a los doberman de siempre, dispuestos a tirarse a la yugular de cualquier emigrante que pase al alcance de sus fauces.Es triste pensar que ninguna ideología, llámese socialismo, anarquismo o cristianismo, ha podido desarraigar nuestro instinto tribal. Las raíces ancestrales del saurio permanecen al acecho en las profundidades del cerebro y rugen en cuanto se les abre una brecha.
Cuando leía la noticia del siniestro de Air France en un diario, me llamó la atención el énfasis que se daba a la posibilidad de que dos españoles viajaren en el avión. Y yo me pregunto, ¿es que el dolor de los franceses es diferente del nuestro? ¿Es que hablar un idioma diferente nos hace diferentes?. Trescientas personas se daban por desparecidas pero la noticia estába en si había o no españoles en el vuelo.
Todo esto viene a cuento por los comentarios que últimamente inundan determinados medios y que se expanden como regueros de pólvora por la población, los inmigrantes son los culpables del caos de la seguridad social, de los fraudes al seguro de desempleo y de cualquier delito que se cometa en la calle. Cuando hace un par de años nadie encontraba camareros, basureros o transportistas españoles dispuestos a hacer estos trabajos, los foráneos eran recibidos con los brazos abiertos, iban a ser la solución de nuestras pensiones futuras ylos adalides de la lucha contra la inflación.Me ha sorprendido escuchar en boca de un empresario que hasta hace unos meses explotaba a sus “sin papeles” y que se ha enriquecido a su costa, que la madre de todas las desgracias es la inmigración.
El emigrante siempre será una víctima, jamás un verdugo, los auténticos culpables están aposentados en sus poltronas blindadas por contratos multimillonarios o en los paraísos fiscales viéndolas pasar mientras degustan unos canapés de Beluga con unas copitas de Dom Perignon.
¿Hasta qué palmo de la tierra soy un ciudadano y a partir de cual me transformo en un inmigrante?. Hasta hace unos años, cruzar los Pirineos sin pasaporte te transformaban en un “sinpapeles”, hoy podemos trabajar por toda Europa en plenitud de derechos. ¿Cruzar el estrecho o el océano te transforman en otro hombre?.
En los años 20 y 50, oleadas de murcianos y andaluces llegaban en los trenes patera a La Estación de Francia en Barcelona con las maletas cargadas de esperanzas,encontraron el pan y el trabajo que les negaba su tierra, hoy sus hijos niegan el mismo derecho a otros que vienen huyendo del mismo hambre y de la misma miseria, pero como me contestaba uno de estos "ex-inmigrantes", ¡¡ Nosotros teníamos papeles!!.
Mucho se ha hablado de los amores en la red, del fascinante atractivo que ejerce sobre algunas personas los adulterios virtuales, los ligues de chat y foro, pero desde que he profundizado en el mundo de los Blogs, he descubierto otra pasión no menos subyugante, los celos cibernéticos.
Si observamos cuidadosamente, nos daremos cuenta, que en función de su contenido, podríamos hablar de blogs masculinos, blogs femeninos y blogs asexuados, me explicaré. En algunas bitácoras escritas por mujeres, son mayoría las féminas que las visitan, hablan de temas culinarios, de salud, de amores light o simplemente nos cuentan sus impresiones y sus estados de ánimo en función de la salud y el clima. En otras, los hombres hacen cola, son aquellas en que sus autoras, derrochan sensualidad, desparpajo, sex appeal, o simplemente belleza.
En la primeras, a poco que profundices, encuentras rastros sutiles de envidias, aderezadas con unas gotas de hipocresía y puñaladas traperas dadas con una sonrisa Profiden. En las segundas, los codazos, empujones, sacadas de pecho y algún que otro pavo real pretendiendo encandilar a la dama de turno, luego empiezan los piques, las puyas y por fin los cabreos y las salidas de tono.
Es curioso cómo podemos sentirnos celosos, porque una amiga bloguera, le hace mas caso a don zip-opte que a nosotros, porque esa niña con un avatar tan deslumbrante pasa por casa de ma-meluko y le ríe las gracias, mientras a nosotros no nos hace ni puto caso. Por último están aquellas dirigidas por damas inteligentes y de belleza serena, en la que los machos de turno rivalizan en mostrar su "potencia" intelectual, a fin de conseguir los "favores" de tan preciada pieza.
Falta comentar en este abanico, esos blogs regentados por Maromos con espolones que tienden sus redes esperando atrapar a alguna mosquita desvalida que llevarse a la boca, para ello utilizan poemas ardientes, relatos caldeados y músicas de alto voltaje a la espera de que alguna pieza caiga en sus garras, pero la mayoría de las noches, se repliegan a sus negros agujeros sin haber conseguido comerse una rosca, pero eso daría para escribir un post completo, y mejor lo dejaremos para mejor ocasión.
Ayer recibí un mensaje en el que una persona manifestaba su extrañeza de que alguien capaz de colgar relatos eróticos, fuera capaz a su vez de hablar de dios … la pregunta me hizo reflexionar. ¿En qué dios debe creer esa señora que le prohíbe gozar del amor en todos sus matices?, sin lugar a dudas en el dios judeocristiano, un ser “Creador y señor de todas las cosas, que premia a los buenos y castiga a los malos”, un ser implacable, vengativo, capaz de crear un infierno en el que castigar a todos sus “disidentes” por toda la eternidad.
Pues lo siento por Ud, señora, mi dios, por llamarlo de algún modo, no está hecho a mi imagen y semejanza, es un ser , un ente, un concepto, que encarna la armonía, el orden universal, yo formo parte de su esencia y estoy impregnado en ella, no me exige nada, me da libertad para realizarme y me regala la vida para que la administre según mi criterio.
Cuando me dejo llevar por ese orden perfecto, que llamaremos bien, mi cuerpo y mi alma están sanos, mi corazón rebosa alegría y me siento parte del universo, cuando por egoísmo o equivocación atento contra esas normas, mi cuerpo se enferma, mi mente se debilita y mi corazón sufre.
Él me habla por medio de la naturaleza, me regala la belleza, la alegría, el sentimiento de comunión con la madre tierra, me dio de mamar el amor del pecho de mi madre, que lo regó con sus lagrimas para que nunca se mustiara, ese amor germinó en mi corazón, y fue creciendo bajo la mirada amorosa de mi padre, fuerte y firme pero no implacable.
Cuando ese amor se hizo un árbol, busque una compañera con quien compartir ese universo de ternura que no me cabia en el pecho., El camino fue largo y muchas veces me perdí por atajos que no conducían a ningún sitio, otras veces perseguí alucinaciones que me condujeron al borde del abismo, pero un día, cuando menos lo esperaba, me iluminó una mirada, mi acarició una voz y mi corazón se levantó y anduvo, trenzó su mano con la mía y supe que dios existía, que ese sentimiento que ella me inspiraba estaba por encima de mi concepto del bien y del mal, me trascendía a mí y a mi tiempo, y conocí el sexo como un prisma de infinitas facetas que me iluminaba cada día como un arco iris de sensaciones, sentimientos y placeres como nunca había podido soñar, y cada acto de amor se convirtió en una ofrenda a ese dios capaz de crear tanta belleza y sembrarla en mis ojos y en mi corazón.
Si, señora puedo hablar de sexo y puedo hablar de dios, porque mi dios no es el suyo, porque mi dios no exige, entrega, no castiga, corrige, no adoctrina, enseña. Mi dios es amor y armonía y no le temo, le respeto y le siento en lo mas profundo de mi ser, porque él está en mí como yo estoy en él.
Mi querida mamá, desde tus ochenta y tres años , todavia me cuidas, me mimas me vigilas. Todavia me llamas cuando estoy constipado y me preparas la paella cada fin de semana. Tienes la fuerza de la juventud, la energia de tu sangre aragonesa y la belleza que aún conservas a pesar de las penas y los sufrimientos.
Nuestra relación no ha sido facil, fui un niño rebelde, contestón, mal estudiante. Siempre llegaba a casa con las rodillas negras y la ropa manchada, a veces con la cabeza y la cara llena de sangre. A veces incluso te aguanté la mano cuando pretendias darme una bofetada. Te dí muchos disgustos con mis juergas nocturna, mis borracheras y mis devaneos con las drogas. Te desobedecí en todo lo que pude y amargué la vida a tu otro hijo, ( y hermano mio) hasta llegar a la bronca continua.
Pero todo ello lo hacia por llamar tu atención, para que me miraras, para que dejaras el trabajo un rato y me contaras un cuento o me acunaras en tus brazos, siempre te quise con un amor inmenso, y ahora que aún tengo la suerte de poder decirtelo mirandote a los ojos, te digo que te quiero, que siempre te he querido, que aun en los momentos dificiles, cuando yo buscaba mi camino y tu me empujabas en contra de mi voluntad, por la senda correcta, te queria.
Hoy eres un ejemplo de la alegria, la fuerza y las ganas de vivir que se puden disfrutar a pesar de los años. Por eso y por millones de cosas que guardo en mi corazón. Por aquella niñez maravillosa cuando te espantaba a los moscones que te piropeaban por la calle, cuando me levantaba por la noche fingiendo tener miedo para poder arrebujarme entre tus brazos y tu me acojias como si todavia fuera un bebecito, por todo ello te dedico este poema, me hubiera gustado escribirte uno de mi puño y letra, pero a veces las palabras y las letras se quedan atravesadas en el corazón, pero este soneto que Joan Manuel escribió a su madre, me permite decirte cosas que yo no sabria expresar mejor. TE QUIERO MAMÁ.
No es que no vuelva, porque me he olvidado de tu olor a tomillo y a cocina. De lejos, dicen que se ve más claro, que no es igual quién anda y quién camina.
Y supe que el amor tiene ojos verdes, que cuatro palos tiene la baraja, que nunca vuelve aquello que se pierde y la marea sube y luego baja.
Supe que lo sencillo no es lo necio, que no hay que confundir valor y precio, y un manjar puede ser cualquier bocado
si el horizonte es luz y el rumbo un beso, No es que no vuelva porque me he olvidado: es que perdí el camino de regreso,
Solo los que hemos estado internados en colegios “religiosos” sabemos lo que es un “lavado de cerebro”. A los doce años, por motivos de salud , ingresé en un internado cerca de Banyoles, Santa Maria del Collell, que recientemente se hizo famoso por la Novela y la película “Soldados de Salamina”.
Una situación privilegiada en medio de La Garrotxa, rodeado de bosques y riachuelos de aguas transparentes. Un Colegio con habitaciones individuales, piscina, cine y equipos audiovisuales adelantados a su época, solo había un problema, estaba regentado por curas.
Una educación clasista en la que el lema era “tanto tienes, tanto vales”. La posición económica de los padres era el baremo con el que eras medido. Convivía con hijos de notarios, ingenieros y comerciantes y mi padre, un humilde taxista, no pertenecía a la casta dominante.
Desde el principio tuve que hacerme respetar a base de plantar cara, y a veces partirla a los “capos” de turno, niñatos con “ licencia para acosar”, capaces de amargarte la vida de la manera más sádica. Pero si algo me dejó una marca indeleble fue la dictadura del miedo.
Durante los casi veinte meses en los que estuve encerrado, padecí una intensiva inyección de complejos de todo tipo, complejos de culpa, miedo, y vergüenza hacia todo lo que significaba sexo. A mis 13 años, empezaba a despertar a la sexualidad, las niñas que hasta entonces me parecían tontas y repelentes, empezaban a interesarme y la mujer dejo de ser sinónimo de madre para convertirse en misterio y objeto de deseo, algo dentro de mí empezaba a florecer con una fuerza arrolladora.
Pues bien, esos momentos maravillosos, ese periodo en el que consolidas tu sexualidad y tu personalidad como hombre empieza a consolidarse, fueron cercenados con la fiera guadaña de la represión y el miedo. ¡Cuántas noches de terror, soñando con el fuego del infierno por haber manchado las sábanas!, ¡Cuanto remordimiento por imaginarme el cuerpo de una mujer y disfrutar de su belleza! Misa diaria y rosario vespertino se encargaban de machacar el clavo de la culpa, nunca podre perdonarles que transformaran algo tan hermoso como el amor y el sexo en pecaminoso y obsceno.
Tuve la suerte de ser expulsado por mi rebeldía ante el sistema dictatorial del centro, pero durante casi dos años, sufrí una vergüenza patológica hacia las chicas de mi edad, yo que antes de entrar en el purgatorio, era un chaval abierto, lanzado y sin complejos, me sentía incapaz de mantener una conversación normal con una mujer, sin ponerme rojo como un pimiento.
Me costó sudor y lagrimas desprenderme del cilicio que aquellos macarras de la moral me habían colgado en el sexo y en el cerebro, pero comprendí, que o lo arrancaba de mí, o jamás seria un hombre cabal.
No me enseñaron a amar a Dios, me enseñaron a odiar las religiones. Me enseñaron que “el que no se quede quieto, no sale en la foto” y que al que no comulga con ruedas de molino, “destierro y excomunión”. Me enseñaron lo que era el remordimiento, la vergënza y me marcaron con el sello del miedo. ¡Que Dios se lo pague!
Hace unos años se apagaron las luces, empecé a despeñarme por una pendiente sin fin, rodando entre zarzas y pedruscos hacia el más vacio de los vacios. Fue algo súbito, inexplicable. Quizás las piernas se me doblaron bajo el peso del sufrimiento y dejaron de sostenerme, fue una caída eterna y dolorosa, pero sobre todo aterradora.
Nunca he tenido miedo a nada ni a nadie, he mirado cara a cara a la vida y a la muerte, pero hubo un punto en que algo se quebró en mi alma, y toda mi estructura vital se desmoronó en un soplo.
Sentí los zarpazos de miedo, cualquier cosa me aterraba, no tenía fuerzas para levantar la cabeza y un simple bordillo se transformaba en un abismo. Llegué a esconderme física y mentalmente, cuando alguien se acercaba, me daba un salto el corazón y el pánico me inmovilizaba. Rehuía los espejos, como un vampiro sin reflejo ni sombra, el futuro era un túnel siniestro donde se perdía mi vida.
En ningún momento perdí la consciencia, buscaba un arbusto donde agárrame, pero solo había hierbajos y cardos que laceraban mis manos y mi cuerpo, el abismo me llamaba con su canto de sirena varada. Sobre todo temía arrastrar en mi caída a quien más quería en el mundo, y mientras por dentro me desmoronaba, por fuera seguía con mi sonrisa de signal. Comprendí el significado de la palabra soledad, la depresión se había convertido en un agujero negro que amenazaba con abducirme hacia la nada.
Comprendí que el tiempo se acababa , así que dejé el trabajo y me sumergí en las profundidades de la mente buscando en mi interior la luz que me guiara por la senda de las tinieblas.
Fue una remontada lenta y dura, con caídas y recaídas, dos pasos hacia arriba, y otro resbalando de nuevo, pero poco a poco empecé a vislumbrar el cielo. En los momentos más negros supe que el amor era lo único que me quedaba y que solo por él valía la pena seguir luchando. Me arrastré, repté y me agarré a cardos y a quimeras, me tragué las serpientes y escupí los sapos, pero al fin mis ojos recobraron la luz y pude mirarte sin miedo a convertirte en piedra como Medusa.
Han pasado los años, pero nunca olvidaré esos meses en los que viví a las puertas de infierno, en los que la angustia se convirtió en mi amante, en los que sentí que jamás encontraría el camino de regreso.
Soy Juanmaromo, He abierto este rincón, como una sucursal de la comunidad, hasta ver si mis amigos me siguen o se quedan en casa Me he traído mis mejores discos, unos libros de poemas, y en mis horas libres, me dedico a escribir mi nuevo libro de poesía, “Lenguas de Fuego”. Me encanta compartir pensamientos y reflexiones, algunos propios, otros prestados, y algunos de autores consagrados. Todo lo que hay en mi casa, música, relatos y discos, es propiedad de alguien, porque alguien lo ha creado, los textos anónimos, son de dominio publico, las obras firmadas, pertenecen a sus autores, y todas las poesías de “Lenguas de fuego” son de mi puño y letra, así como los relatos que contengan mi firma. Un abrazo y muchas gracias por vuestra visita.
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.